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“Fue como entrar en el Cielo”, asegura Isabel. De hecho, ella y su marido no dejaron de acudir puntualmente al convento a rezar con las monjas. (ver artículo)
De rodillas ante San Francisco, hizo Clara la promesa de renunciar a las riquezas y comodidades del mundo y de dedicarse a la oración, pobreza y penitencia... (ver artículo)